Guía de supervivencia invernal

Joseph, Francis, Kristin… da igual cómo se llame la borrasca. El caso es que hace frío, mucho frío. Y como todavía quedan varias semanas por delante, aquí van 7 consejos para que puedas coexistir con el clima invernal sin que tu piel, tu pelo y tu cuerpo se resientan más de la cuenta.

1. Cambia a texturas más nutritivas. Si hasta ahora te apañabas con una crema ligera, puede que ahora se te quede corta. El frío y la calefacción debilitan la barrera de la piel, así que toca pasarse a bálsamos y cremas más densas que aporten más nutrición como esta de La Roche Posay para la cara y esta de CeraVe para el cuerpo.

2. Manos a salvo. Son la parte del cuerpo más expuesta y de las primeras en resentirse. Utiliza guantes cuando salgas a la calle para evitar que se te resequen las manos. Y, antes de dormir, las cremas con urea son mano de santo: hidratan en profundidad, suavizan y ayudan a que la piel se recupere antes. Algunas como la Crema Reparadora del Instituto Español o la UreaRepair de Eucerin son nuestras favoritas.

3. Baja la temperatura de la ducha. Que nos gusta una ducha ardiendo en invierno para quitarnos el frío, ¿eh? El problema es que el agua muy caliente debilita tanto la piel como el pelo. Y, además, al salir notarás muchísimo el contraste de temperatura y volverás a quedarte helada. El agüita templada, mejor.

4. El peine importa. En invierno el pelo se encrespa y se enreda con más facilidad. Usar peines o cepillos de púas anchas como este ayuda a desenredar con menos tirones y menos rotura.

5. Bebidas calentitas. Con el frío puede que te apetezca beber menos agua, pero el cuerpo la sigue necesitando. Las bebidas calientes ayudan a entrar en calor y además suman a tu hidratación diaria. Aquí te dejamos 3 infusiones calentitas que encima, desinflaman. 

6. No te encojas. Cuando bajan las temperaturas nos encogemos sin darnos cuenta, y cuello, espalda y hombros lo pagan. Abrígate bien al salir, para que el frío no se te meta hasta dentro. Y, si puedes, dedica unos minutos al día a estirar un poco el cuerpo para no ir todo el día con los hombros a la altura de las orejas

7. Engaña a tu cerebro. Los tonos cálidos en mantas, cojines o cortinas, y una iluminación más amarilla que blanca, hacen que el espacio se sienta más acogedor. No cambian la temperatura real, pero sí cómo percibes el ambiente. 

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